Performance "Anarcochamanismo, la imaginación alucinada" (7).

ENTREVISTA A LEONARDO SALAZAR (LEONSKY). ARTISTA CHILENO DE LA PERFORMANCE.

“Estoy lejos del poder y vivo mi propio carnaval popular lleno de amores, recuerdos, rabias y maravillas”. Leonardo Salazar (Leonsky).
Entrevista a este gran artista chileno con una sólida trayectoria como performista y también como gestor de numerosos festivales en Chile.

Para inaugurar las entrevistas en Estrabismos, se realizó un cuestionario a Leonardo Salazar (Leonsky), artista chileno con una sólida trayectoria como performista y también como gestor de numerosos festivales junto a Samuel Ibarra, donde se ha dado visibilidad a una diversidad de acciones con el cuerpo como protagonista, en toda su dimensión artística y política. Porque la performance está profundamente enraizada en Chile y Latinoamérica, convertida en un amplio campo de conflicto que desmonta los discursos del poder y a la vez un gran aliciente, derivado en mecanismos de reflexión al interior de la sociedad y la cultura . Con artistas “capaces de jugarse la vida misma por desarrollar sus ideas y sueños” según Salazar.     

¿Cuál sería tu definición de performance?

La performance o arte acción, para mí, es una práctica de arte contemporáneo que fusiona planteamientos estéticos y escénicos provenientes de varias fuentes: el arte conceptual, el teatro, la danza y diversas artes representacionales. Su función es abrir otras vías de entendimiento y abordaje del fenómeno estético, particularmente cruzado con deliberaciones y reflexiones sobre lo contextual de un espacio y un tiempo. A mi juicio, la performance es una pregunta “carnalizada” en un cuerpo actante. Es un canal para llegar a una figura que se aparece por los bordes de otra figura, aparentemente más clara. Es, en definitiva, el negativo de una imagen que es cuerpo en contraste.

¿Cómo empezó tu interés y relación con la performance?

Los primeros antecedentes los conocí en mi formación universitaria como artista visual. Me empezó a interesar la desmaterialización de la obra y cómo el problema del tiempo y el rendimiento pueden redefinir completamente las orientaciones de una obra. Hablar de performance supone aproximarse a formas que están transitando hacia mutaciones, fatigas, el error o la desestabilización. Esos conceptos no están en el abecedario de la formación de las artes visuales, porque lo que se intenta enseñar es una idea de visualidad triunfante, cerrada, infranqueable. Pensar performativamente las formas supone pensar desde la duda y la incertidumbre. Es decir, también pensar las formas en la caída, derrumbándose.

Acercarme a la práctica de la performance me supuso ampliar mis ideas y fronteras mentales, corporales, espirituales y axiológicas. Comencé a entender la vida desde otros enfoques que redefinieron mis mapas mentales y conceptuales. 

Tus performances tienen el soporte del cuerpo y la memoria, la ironía, el ofrecer imprevistas, imaginativas y nuevas lecturas al contexto que te ha tocado presenciar (el virus del covid, la enfermedad, el estallido social, el exacerbado poder del mercado…) ¿Podrías considerar la performance tu margen disruptivo? ¿Un territorio donde confrontas las hegemonías culturales y los diferentes poderes, es decir, un arte como acción política? Tu obra tiene una estrecha cercanía con lo que señala Nelly Richard sobre las prácticas artístico-culturales, ese proyecto de “desmontar y reformular activamente tensiones y antagonismos a través de figuras de lenguajes que intervienen la discursividad social redistribuyendo sus signos cambiados en nuevas constelaciones múltiples y fluctuantes” (La insubordinación de los signos, 1994, Editorial Cuarto Propio). 

 

He intentado en mi trabajo pensar irónicamente la violencia y su economía de signos hegemónicos. He buscado la manera de visibilizar un desmontaje que juega con la representación de algo así como un “toque humorístico”. No es que me entregue del todo al humor, sino que busco tensionar las certezas que narran la conflictividad violenta de nuestro orden simbólico. Es en sí un acto político, porque supone hacer un equilibrio de las fuerzas, es decir, distribuir una energía que moviliza definiciones y planteamientos. Se construye un reparto  y eso es eminentemente político.

El cuerpo es, siguiendo a Nelly Richard, una figura de lenguaje, porque modifica e interviene los sentidos de la representación. Es un lenguaje “carnalizado”, situado al aquí y ahora.

Pongo mi cuerpo y en esa corporalidad escribo los juegos de representación política de los discursos y las imágenes de un yo pluralizado por espejos. Yo ya no es solo uno, sino una multiplicidad de individualidades que intento sumar.

La ironía es una estrategia para decir y criticar cosas desde mi calidad de ciudadano de a pie. Estoy lejos del poder y vivo mi propio carnaval popular lleno de amores, recuerdos, rabias y maravillas. En la parodia se reformula el mundo, mi propio mundo, ese que intento poner en evidencia cuando acciono.

¿Cómo es la vida para un artista de la performance en Chile? ¿Qué te parece el circuito de la performance en este país? ¿Qué ventajas y desventajas ves hacer performance acá? 

Es una vida súper desafiante, porque tenemos un sistema cultural donde se exigen permanentemente resultados tangibles. El performista levanta públicamente sus procesos abiertos y cimbreantes y lo que exhibe es un dibujo corpo-escénico, abierto y mutante. Eso es complejo para la economización del arte desde el paradigma mercantil. Otra dificultad de hacer performance es que es un arte denso, es decir, cargado de signos y referencias. Eso lo hace difícil a la hora de abordarlo críticamente, porque no se logra a veces capturar toda la complejidad de su significancia. Se lo reduce a un solo problema, cuando lo que subyace es  una multiplicidad de sentidos y muchas veces todas en conflicto a la vez. Allí hay un problema, pues la crítica de arte tradicional se queda muy restringida e impotente a la hora de interpretar obras de arte/acción. Por ejemplo, hay muchas referencias freudianas en ciertos análisis de obras, desatendiendo otros temas problemáticos que flotan en estas. La teoría se ha demorado en leer y dimensionar toda la complejidad temática y conceptual de las obras, porque finalmente los “entendidos” no saben de lo que estás hablando como artista. Otros problemas, ya tal vez más caricaturizados, podrían ser el poco apoyo institucional. Digo que es casi una caricatura, porque los performers hemos asumido que la crítica a las hegemonías culturales dominantes no traerán como crédito: premios, valoraciones y visibilizaciones; todo lo contrario, silencio y desatención.

Si puedes contarme acerca del proyecto CUBOSOMA de performance que has animado junto al artista visual y poeta Samuel Ibarra (pensemos en los festivales y eventos que han organizado  como Arte y Trabajo, Uneateable / Intragable, Máquina Mistral). ¿Cómo nace y cómo ha sido la experiencia en todos estos años de actividad?

Mira, el proyecto CUBOSOMA nace en el pasaje Huérfanos con Huérfanos el año 2012. Primero fue una pequeña galería experimental en pleno Barrio Yungay de la comuna de Santiago. Allí estuvimos alrededor de 5 años funcionando. Luego, esa etapa finalizó y decidimos operar libremente en el  espacio, pero abocándonos  a la investigación, archivo y difusión de eventos culturales ligados al cuerpo. Por lo tanto, dejamos lo meramente expositivo de las artes visuales para concentrarnos en lo corporal. Por eso, lo de SOMA.

En ese tránsito construimos una alianza de trabajo con el artista y periodista Samuel Ibarra, que se ha materializado en diversos encuentros, proyectos, muestras y festivales. Son variados y múltiples, y en cada uno de ellos trabajamos con grupos humanos muy diversos. Si bien Arte y Trabajo y Uneatable o Máquina Mistral son los más visibles, organizamos también una residencia de arte llamada CARTAGENA VICE, tendiente a pensar las modulaciones y sentidos de lo popular. La hacemos en el mismo balneario y la experiencia ha sido muy rica. Organizamos el encuentro La Paz como destino, con el centro cultural Ailanto y la iniciativa Octubre No Violento, con grupos que trabajan políticamente la no violencia activa. Recientemente inauguramos un nuevo evento, se llama La connotación flamígera que invita a reflexionar desde el cuerpo la tragedia carcelaria de San Miguel, donde 81 presos murieron horriblemente calcinados. Este evento lo organizamos en colaboración con la fundación 81 Razones, fundada por los mismos familiares de las víctimas.

También hemos organizado 3 eventos denominados EL MAPA EXTRAVIADO. Lo hacemos en diferentes sectores y comunas, e incluso, en otras regiones. La idea con este evento es invitar a pensar la calle, el espacio público como dispositivo de sorpresa y deriva.

Como mencionabas en tu pregunta, los festivales más visibles son Arte y Trabajo; biopolíticas de la productividad (reflexiones sobre el trabajo en la contemporaneidad neoliberal); Uneatable / Intragable (monstruosidad y animalidad en la performance como estrategia de crítica política), en colaboración con la galería Ojo de Pez y Máquina Mistral (festival de performance para tributar la obra y figura de Gabriela Mistral). Este evento lo hacemos junto al Archivo Bello de la Universidad de Chile. Tenemos en carpeta varios más: un festival de performance sobre el presidente Allende y la UP (Agenciamiento Allende); otro sobre la Filosofía de Spinoza (Spinoza Festival) y ; otro para pensar la obra de Neruda  a este proyecto le hemos denominado Un respiro Americano)

¿Cuáles son tus artistas favoritos o quiénes te han marcado, remecido, influido?

En mi adolescencia me marcaron mucho los grandes exponentes pictóricos del arte universal. El arte precolombino, las vanguardias del siglo XX (sobre todo el dadaísmo), el arte conceptual, el video-arte. Creo que como profesor de Artes Visuales hay muchos artistas, épocas y movimientos que siempre me han apasionado y trato de revisarlos constantemente, porque me transmiten fuerza para continuar en esto. 

 

Pero sabes que más allá de las luminarias y grandes nombres, me interesan propuestas de obras capaces de abordar toda la complejidad de lo que significa vivir en un mundo amenazado  por la extinción. Un mundo lleno de imágenes donde me da la impresión que siempre las que prevalecen son las del imaginario de la guerra. Me interesan performistas capaces de pensar la historia y proyectarla críticamente en un presente que reverbere también en un futuro tangible.

Me interesan sobre todo los performistas de América Latina, con ellos compartimos la urgencia de un arte que diga cosas; un arte que se hace sin mucho apoyo de los ministerios y que en nuestros países se toma como herramienta de protesta reclamando paz y justicia.

En nuestro continente los artistas de la performance son capaces de jugarse la vida misma por desarrollar sus ideas y sueños.

 

¿Qué proyectos tienes ahora?

Siempre está presente la idea de mejorar la gestión, ampliar convocatorias y fortalecer conexiones con la región. Tenemos una meta dentro del corto plazo que es hacer nuestro catálogo de CUBOSOMA, como una síntesis de todo el trabajo cultural independiente que hemos realizado y que el próximo 2022 cumplirá 10 años. También actualmente estoy formando parte de un proyecto colectivo muy interesante llamado Octavo Pasajero, coordinado por el artista cubano Adrián Gómez, donde participan performistas como Tzitzi Barrantes de Colombia, la chilena Valentina Venegas, entre otros más.

Este, sin duda, será un año súper movido con todo el proceso de elecciones que se aproxima, por lo mismo estoy trabajando en una acción que se pretende registrar para un documental del equipo de @larevueltaenchile. Y como cada año organizando y tramando la ruta para realizar las actividades que llevamos a cabo, que por su puesto, se irán acomodando a la contingencia sanitaria del país.

Reflexión final:

Es interesante poder saber más de la performance a través de un gran artista como Leonardo Salazar. En Chile es difícil hacer arte y más si es una expresión poco conocida o que todavía no es comprendida a cabalidad por gran parte de la sociedad. El entusiasmo y la creatividad de gente como Salazar se valora muchísimo y se aprecia. Su labor de gestor y organizador de festivales es muy importante para la difusión de la cultura que se desarrolla en esta parte de Latinoamérica. Sin ayudas de nadie, sin apoyo estatal, se levantan a pulso estos proyectos que enaltecen el espíritu de un pueblo.   

Referencias:

(1) Organizado por Editorial Quimantú en Plaza Bogotá. Santiago de Chile. 2015. Fotografía de Marcela Zamorano.

(2) Realizada junto con el artista Samuel Ibarra en el Centro Cultural España, en el marco de “La palabra escondida”, homenaje a Stella Díaz Varín. Providencia, Chile. Enero 2017. Fotografía de Antay Ibarra.

(3) y (4) Obra presentada en el marco del IX Festival de Teatro y Performance (FESTEPE). Realizado por la compañía Muñecos de Madera en el distrito de Chancay, Perú. Febrero.2017. Fotografía gentiliza del festival.

(5) Organizado por INSEKULA. Bellavista. Santiago de Chile. Marzo.2017. Fotografía de Laura Bustamante.

(6) En “Ejercicios de Realidad”, encuentro de performance realizado por Perfolink. Parque cultural de Valparaíso. Chile 2017. Fotografía de Doex.

(7) Realizada en el Museo de Artes Visuales MAVI bajo la curatoria de Samuel Ibarra Covarrubias. Calle José Victorino Lastarria #307. Santiago de Chile. Enero 2018. Fotografía de Catalina Valenzuela. 

 

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